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Friday, April 5, 2013

El Divorcio

    El matrimonio en la Escritura es la unión voluntaria de dos personas, un hombre y una mujer, en matrimonio; a pesar de que los matrimonios eran arreglados comúnmente, el consentimiento también fue asegurado. Sin el consentimiento, la unión siempre es en efecto violación. Calvino y Lutero, ambos enfatizaron el hecho del consentimiento mutuo como necesario para un matrimonio válido en su debate del episodio de Jacob y Lea. La pregunta puede ser planteada entonces por qué Jacob aceptó a Lea. La respuesta es claramente que él estaba en una situación coercitiva. Labán lo había avergonzado y se había aprovechado de él, que sabía que Jacob no tenía recurso legal como extranjero. En un sentido, fue una violación de Jacob, que no podía hacer nada salvo protestar o huir, pero no podía ejercer sus derechos legales con éxito.
  
La unión implica el consentimiento mutuo, la disolución de un matrimonio no. La forma más común de divorcio es por muerte. Esto no podría ser sólo una muerte natural, que no es estrictamente un divorcio, sino una ejecución legal, la cual divorció al culpable de la vida, la sociedad, y su cónyuge. Aquellos que eran misioneros de sectas idólatras estaban sujetos a la muerte y por lo tanto al divorcio (Dt. 13:1-11). La ley pre-mosaica requiere la muerte por el adulterio, como muestra el incidente de Tamar (Gn. 38:24), David lo esperaba por su propio pecado (2 S 12:5), y requirió una palabra del Señor, el mensaje de Natán, "no morirás" (2 S 12:13) para evitar esa sentencia.
   
En algunas culturas, no existe el divorcio por muerte, como atestigua el mormonismo, son matrimonios sellados. En otras sociedades, la mujer era asesinada (como en el hinduismo hasta hace poco) para impedir el volver a casarse o continuar la vida separada de su esposo. La ley mosaica y nuestro Señor (Mt. 22:23-33) se negaron a reconocer esas costumbres, dando permiso para casarse de nuevo y al limitar el matrimonio a este estado mortal.
  
Volviendo al divorcio por muerte, la ley bíblica divorciaba a la parte culpable de la inocente por medio de la muerte por muchos delitos. Algunas de las leyes por las que una mujer podría divorciarse por muerte y volverse a casar son las siguientes, todas las cuales requieren la pena de muerte para el hombre: 

 
1. Adulterio: Dt. 22:20-25, Lv. 20:10.
2. Violación: Dt. 22:25, 26. 
3. Incesto: Lv. 20:11, 12, 14, 17.
4. La homosexualidad o sodomía: Lv. 20:13 (18:22). 
5. Bestialidad: Éx. 22:19; Lv. 18:23; 20:15; Nm. 35:16-21. 
6. Homicidio premeditado: Éx. 21:12, 14; Nm. 35:16-21. 
7. Golpear al padre o la madre: Éx. 21:15. 
8. Muerte de una mujer por aborto involuntario debido al ataque y agresión: Éx. 21:22, 23. 
9. Sacrificar a los hijos a Moloc: Lv. 20:2-5 
10. Maldecir padre y madre: Éx. 21:17; Lv. 20:9. 
11. Secuestro: Éx. 21:16. 
12. Ser un brujo: Lv. 20:27 (ver Dt. 13:1-11). 
13. Ser un profeta falso o soñador: Dt. 13:1-5; 18:20. 
14. Apostasía: Dt. 13:6-16; 17:2-5. 
15. Sacrificar a otros dioses: Éx. 22:20. 
16. Rehusar a acatar la decisión de los jueces: Dt. 17:12. 
17. Blasfemia: Lv. 24:16. 
18. Profanación del día de reposo: Nm 15:32-36 (Esto aparece, no como una parte de la legislación, sino de un caso especial en el desierto). 
19. Transgresión del pacto: Dt. 17:2-5.

  
El divorcio por muerte era conseguido por los hombres debido a las siguientes penas de muerte citadas para las mujeres, y la denuncia era obligatoria para el creyente (Dt. 13:1-11, Lc 14:26): 


1. Falta de castidad antes del matrimonio: Dt. 22:21. 
2. Adulterio después del matrimonio: Dt. 22:22-23, Lv. 20:10. 
3. Prostitución de la hija de un sacerdote: Lv. 21:9. 
4. Bestialidad: Lv. 20:16; 18:23; Éx. 22:19; Dt. 27:21. 
5. Ser una adivina o una bruja (hechicera): Éx. 22:18; Lv. 20:27. 
6. Transgresión del pacto: Dt. 17:2-5. 
7. Incesto: Lv. 20:11, 12, 14, 17.

 Por R.J. Rushdoony Extracto tomado de La Institución de la Ley Bíblica p. 416
 http://chalcedon.edu/research/books/la-institucion-de-la-ley-biblica-tomo-1/
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Divorce

   Marriage in Scripture is the voluntary union of two persons, a man and a woman, in wedlock; although marriages were commonly arranged, consent was also secured. Without consent, the union is always in effect rape. Calvin and Luther both stressed the fact of mutual consent as necessary to a valid marriage in their discussion of the Jacob-Leah episode. The question can be raised then as to why Jacob accepted Leah. The answer is clearly that he was in a coercive situation. He had been shamed and taken advantage of by Laban, who knew that Jacob had no legal recourse as a stranger. In a sense, it was a rape of Jacob, who could do nothing except protest or run away, but could not exert his legal rights successfully.
   Union involves mutual consent; the dissolution of marriage does not. The most common form of divorce is by death. This could be not only a natural death, which is not strictly a divorce, but a legal execution, which divorced the culprit from life, society, and spouse. Those who were missionaries for idolatrous cults were subject to death and therefore divorce (Deut. 13:1-11). The pre-Mosaic law required death for adultery, as the Tamar incident shows (Gen. 38:24), David expected it for his own sin (II Sam. 12:5), and it required a word from the Lord, Nathan message, "thou shalt not die" (II Sam. 12:13) to avoid that sentence.
   In some cultures, there is no divorce by death, as witness Mormonism, is sealed marriages. In other societies, the wife was slain (as in Hinduism until recently) to prevent remarriage or continued life apart from her spouse. The mosaic law and our Lord (Matt. 22:23-33) refused to recognize such customs by giving permission to remarry and by limiting marriage to this mortal state.
   To return to divorce by death, Biblical law divorced the guilty party from the innocent by means of death for many offenses. Some of the laws whereby a woman could be divorced by death and remarry are the following, al of which require the death penalty for the man:

1. Adultery: Deut. 22:20-25; Lev. 20:10.
2. Rape: Deut. 22:25, 26.
3. Incest: Lev. 20:11, 12, 14, 17.
4. Homosexuality or sodomy: Lev. 20:13 (18:22).
5. Bestiality: Ex. 22:19; Lev. 18:23; 20::15; Num. 35:16-21.
6. Premeditated murder: Ex. 21:12, 14; Num. 35:16-21.
7. Smiting father or mother: Ex. 21:15.
8. Death of a woman from miscarriage due to assault and battery: Ex. 21:22, 23.
9. Sacrificing children to Molech: Lev. 20:2-5
10. Cursing father and mother: Ex. 21:17; Lev. 20:9.
11. Kindnapping: Ex. 21:16.
12. Being a wizard: Lev. 20:27 (cf. Deut. 13:1-11).
13. Being a false prophet or dreamer: Deut. 13:1-5; 18:20.
14. Apostasy: Deut. 13:6-16; 17:2-5.
15. Sacrificing to other gods: Ex. 22:20.
16. Refusing to follow the decision of judges: Deut. 17:12.
17. Blasphemy: Lev. 24:16.
18. Sabbath desecration: Num. 15:32-36 (This appears, not as a part of the legislation, but from a special instance in the wilderness).
19. Transgressing the covenant: Deut. 17:2-5.

   Divorce by death was obtainable by men because of the following death penalties cited for women, and denunciation was obligatory on the believer (Deut. 13:1-11; Luke 14:26):

1. Unchastity before marriage: Deut. 22:21.
2. Adultery after marriage: Deut. 22:22-23; Lev. 20:10.
3. Prostitution by a priest's daughter: Lev. 21:9.
4. Bestiality: Lev. 20:16; 18:23; Ex. 22:19; Deut. 27:21.
5. Being a wizard or a witch (sorceress): Ex. 22:18; Lev. 20:27.
6. Transgressing the covenant: Deut. 17:2-5.
7. Incest: Lev. 20:11, 12, 14, 17.

By R. J. Rushdoony Excerpt taken from The Institutes of Biblical Law p. 401
 http://chalcedon.edu/

Monday, March 11, 2013

El Matrimonio y el Hombre (English)

   Al hombre sólo se le puede comprender en términos de Dios y Su propósito soberano en la creación del hombre. De acuerdo con Génesis 1:26-28, el hombre fue creado para ejercer dominio sobre la tierra y subyugarla, y el mandato de "fructíficad y multiplicaos" era un aspecto del llamado a ejercer el dominio sobre la tierra. El hombre por lo tanto, ha de ser comprendido en términos del reino de Dios y la vocación del hombre en esto para manifestar el orden-ley de Dios en una tierra desarrollada y subyugada.
   
El hombre es, pues, primordial y esencialmente una criatura religiosa que es realmente comprendida sólo con referencia a su Creador y su destino ordenado bajo Dios. El destino del hombre, para traer todas las cosas bajo el dominio de la palabra-ley de Dios, confrontó al hombre desde el principio de su creación. Subyugar la tierra y ejercer dominio sobre ella, como fue asignada la tarea a Adán en el Edén, tenía dos aspectos. Primero, el aspecto práctico: al hombre se le requirió cuidar del huerto de Edén (Gn. 2:15). El hombre urbano tiende a olvidar que los árboles frutales, verduras y plantas requieren trabajo y cuidado, incluso en el mundo perfecto del Edén. A Adán se le dio la responsabilidad de vestir o cultivar el huerto y el mantenimiento o la responsabilidad del mismo. Segundo, el aspecto cognitivo: el hombre debía nombrar a las criaturas. Los nombres en el Antiguo Testamento son las descripciones y clasificaciones, de modo que para nombrar algo significaba entender y clasificarlo. Por el trabajo y el conocimiento, el hombre fue llamado a subyugar la tierra, desarrollar sus potencialidades, aumentar y multiplicar con el fin de extender su dominio geograficamente así como en el conocimiento.
   
Esta entonces fue la vocación santa del hombre ante Dios, el trabajo y el conocimiento hacia el propósito de someter la tierra y ejercer dominio sobre ella. Por lo tanto, cualquier vocación por la cual el hombre extiende su dominio, bajo Dios, para el propósito de Dios, y sin el abuso o el desprecio por la tierra que Dios ha ordenado ser dominio del hombre bajo Él, es una vocación santa. La opinión común en todas las ramas de la cristiandad, que una vocación cristiana significa entrar en las filas de los clérigos no podía estar más equivocada. Tal actitud conduce a la suplantación del Reino de Dios por la iglesia, al clericalismo como el propósito de Dios en la creación.
   
Por lo tanto, el hombre fue creado, no como un niño, de modo que él no pueda ser comprendido con referencia ni a un pasado primitivo o a su infancia, sino en términos de la responsabilidad madura y el trabajo. El hombre se realiza en términos del trabajo bajo Dios, y por tanto la destrucción radical para el hombre del trabajo sin sentido o frustrante, o de un orden social que penaliza al hombre trabajador en la realización de los frutos de sus labores. Del mismo modo, el hombre se realiza a sí mismo como él amplía las fronteras de sus conocimientos y aprende más sobre la naturaleza de las cosas y su utilidad también. Los hombres encuentran una exaltación de una tarea bien hecha, y el conocimiento ganado, porque en y a través del trabajo y el conocimiento su dominio bajo Dios es extendido.
   
La tierra por lo tanto fue creada para ser el reino de Dios, y el hombre fue creado a imagen de Dios para ser el vicegerente de Dios sobre ese reino bajo Dios. La imagen de Dios implica el conocimiento (Col. 3:10), la justicia y la santidad (Ef. 4:24), y el dominio sobre la tierra y sus criaturas (Gn. 1:28). Así, mientras que Adán fue formado del polvo, o la capa superficial del suelo, la tierra roja, él fue ordenado todavía a una naturaleza y un destino glorioso bajo Dios.
  
Al hombre se le requirió conocerse a sí mismo en primer lugar, en términos de su vocación antes de que le fuera dado una ayuda idónea, Eva. Por lo tanto, no fue hasta que Adán, por un período indefinido, pero aparentemente extenso de tiempo, había trabajado en su vocación, cuidado el huerto y llegado a conocer a las criaturas de la misma, que se le dio una esposa. Se nos dice específicamente que Adán nombró o clasificó a todos los animales, una tarea considerable, antes de la creación de Eva. Por muy general y limitada que esta clasificación fue, todavía fue un entendimiento preciso y general de la vida animal. El Adán del Edén era así un hombre muy trabajador en un mundo donde la maldición del pecado aún no había infectado al hombre y su trabajo.


Por Rousas John Rushdoony Extracto tomado de Los Institutos de la Ley Bíblica p. 341

http://chalcedon.edu/research/books/la-institucion-de-la-ley-biblica-tomo-1/
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Marriage and Man

   Man can be understood only in terms of God and His sovereign purpose in man's creation. According to Genesis 1:26-28, man was created to exercise dominion over the earth and to subdue it, and the command to "be fruitful, and multiply" was an aspect of the call to exercise dominion over the earth. Man therefore is to be understood in terms of God's kingdom and man's calling therein to manifest God's law-order in a developed and subdued earth.
   Man is thus primarily and essentially a religious creature who is truly understood only by reference to his Creator and his ordained destiny under God. Man's destiny, to bring all things under the dominion of God's law-word, confronted man from the beginning of his creation. To subdue the earth and exercise dominion over it, as the task was assigned to Adam in Eden, had two aspects. First, the practical aspect: man was required to take care of the Garden of Eden (Gen. 2:15). Urban man tends to forget that fruit trees, vegetables, and plants require work and care, even in the perfect world of Eden. Adam was given the responsibility of dressing or tilling the garden and keeping or taking charge of it. Second, the cognitive aspect: man was require to name the creatures. Names in the Old Testament are descriptions and classifications, so that to name anything meant to understand and classify it. By work and knowledge man was called to subdue the earth, develop its potentialities, increase and multiply in order to extend his dominion geographically as well as in knowledge.
   This then was man's holy calling under God, work and knowledge toward the purpose of subduing the earth and exercising dominion over it. Thus, any vocation whereby man extends his dominion, under God, to God's purpose, and without abuse of or contempt for the earth God has ordained to be man's domain under Him, is a holy calling. The common opinion in every branch of Christendom that a Christian calling means entrance into the ranks of the clergy could not be more wrong. Such an attitude leads to the supplanting of the Kingdom of God by the church, to ecclesiasticism as God's purpose in creation.
   Thus, man was created, not as a child, so that he cannot be understood with reference either to a primitive past or to his childhood, but in terms of mature responsibility and work. Man realizes himself in terms of work under God, and hence the radical destructiveness to man of meaningless or frustrating work, or of a social order which penalizes the working man in the realization of the fruits of his labors. Similarly, man realizes himself as he extends the frontiers of his knowledge and learns more of the nature of things and their utility as well. Men find an exaltation in a task well done, and in knowledge gained, because in and through work and knowledge their dominion under God is extended.
   The earth thus was created to be God's kingdom, and man was created in God's image to be God's vicegerent over that realm under God. The image of God involves knowledge (Col. 3:10), righteousness, and holiness (Eph. 4:24), and dominion over the earth and its creatures (Gen. 1:28). Thus, while Adam was shaped out of dust, or the topsoil, the red earth, he was still ordained to a glorious nature and destiny under God.
   Man was required to know himself first of all in terms of his calling before he was given a help-meet, Eve. Thus, not until Adam, for an undefined but apparently extensive length of time, had worked at his calling, cared for the garden and come to know the creatures thereof, was he given a wife. We are specifically told that Adam named or classified all the animals, a considerable task, prior to the creation of Eve. However general and limited this classification was, it was still an accurate and over-all understanding of animal life. The Adam of Eden was thus a hard-working man in a world where the curse of sin had not yet infected man and his work.

By Rousas John Rushdoony Excerpt taken from The Institutes of Biblical Law p. 341
http://chalcedon.edu/      

Friday, August 31, 2012

Cómo los Niños Recibirán Nuestra Fe (English)


El método normativo prescrito de Dios, para el discipulado de los niños es a través de sus propios padres. El principio bíblico en relación a la formación de los niños está muy bien resumido en Deuteronomio 6:7-9, aquí reafirmado en su totalidad.

            


             "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu
               
corazón, y las repetirás a tus hijos, y
               
hablarás de ellas estando en tu casa, andando 

               por el camino, al acostarte, y cuando te levantes. 
               Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como
               
frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes
              
de tu casa y en tus puertas."


 Es instructivo, en primer lugar, tener en cuenta que esta orden viene directamente sobre los talones de la Shema: "Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas."Inmediatamente siguiendo este_el más grande mandamiento de todos_viene la aplicación preeminente de ese amor: "Enseña Mis palabras diligentemente a tus hijos." Un modelo similar se encuentra en Juan 21:15. Aquí Jesús pregunta a Pedro: "¿Me amas?" Pedro responde enfáticamente por la afirmativa, "Por supuesto que te amo." Jesús inmediatamente le da una forma objetiva de aplicar ese amor: "Apacienta mis corderos." La prueba por excelencia de cualquier amor que tienes por tu Salvador, por tu Dios, se encontrará en tu deseo y el esfuerzo empleado en la alimentación de los corderos que Él te ha confiado.

Otros principios diversos se pueden extraer del pasaje de Deuteronomio 6:7-9. Primero, la enseñanza debe ser minuciosa. Según el versículo dos, es el interés del Señor de que el mensaje de la revelación de Dios, todos los aspectos de la cosmovisión bíblica, sean transmitidos a nuestros hijos y nietos para que ellos puedan "guardar todos los mandamientos, todos los días de sus vidas."


Además, esta enseñanza debe ser diaria, diligente y consistente. La palabra hebrea "shinantam" se toma de la palabra que es usada para afilar una espada. La única manera de que habrá una transferencia exitosa de la Palabra de Dios de una generación a la siguiente, es por la enseñanza habitual, constante y repetida de esa Palabra. La oposición a la cosmovisión bíblica es intensa y omnipresente en el mundo que nos rodea. La mente humana, por naturaleza, es reacia a recibirla. Uno, por naturaleza, no piensa correctamente acerca de Dios, el hombre, el pecado o la redención.


Como ya se ha mencionado, esta enseñanza es paternal. El mandamiento de enseñar a los niños no es asignada a la aldea o a la comunidad o a las autoridades civiles o a la iglesia. Es asignada a los padres y sobre todo a los padres de familia. La orden está en el singular masculino (véase también Ef.6:4). Este mandato no es un mandato aislado. Se encuentra en toda la Escritura, aunque rara vez acentuada y practicada en la historia reciente de la Iglesia cristiana.

por Kevin Swanson Extracto tomado de El Libro de los Salmos El Corazón de la Palabra pg. II

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How Children Will Get Our Faith

God's prescribed, normative method for the discipleship of children is by means of their very own parents. The biblical principle relating to the training of children is beautifully summarized in Deuteronomy 6:7-9, here restated in full.

              "And these words which I command you today shall be in your
               heart; you shall teach them diligently to your children, and 
               shall talk of them when you sit in your house, when you walk
               by the way, when you lie down, and when you rise up. You
               shall bind them as a sign on your hand, and they shall be as
               frontlets between your eyes. You shall write them on the door
               -posts of your house and on your gates."    

It is instructive, first, to note that this command comes right on the heels of the Shema, "You shall love the Lord your God with all your heart, with all your soul, will all your mind and with all your strength."
Immediately following this_the greatest commandment of all_comes the preeminent application of that love: "Tech My words diligently to your children." A similar pattern is found in John 21:15. Here Jesus asks Peter, Do you love Me?" Peter answers emphatically in the affirmative, "Of course I love You." Jesus immediately gives him an objective way to apply that love, "Feed My lambs." The quintessential proof of any love you have for your Saviour, for your God, will be found in your desire and the effort expended in feeding the lambs that He has entrusted to you.

Several other principles can be drawn from the Deuteronomy 6:7-9 passage. First, the teaching is to be thorough. According to verse two, it is the Lord's interest that the message of God's revelation, all aspects to the biblical worldview, be passed on to our children and children's children so that they might "keep all of the commandments, all of the days of their lives."

Moreover, this teaching must be daily, diligent, and consistent. The Hebrew word "shinantam" is taken from the word used for sharpening a sword. The only way that there will be a successful transfer of God's Word from one generation to the next, is by regular, consistent, repeated teaching of that Word. The opposition to the biblical worldview is intense and ubiquitous in the world around us. The human mind, by nature, is reluctant to receive it. One does not, by nature, think correctly about God, man, sin, or redemption.

As already mentioned, this teaching is parental. The command to teach the children is not assigned to the village or to the community or too the civil or church authorities. It is assigned to parents and primarily fathers. The command is in the masculine singular (see also Eph.6:4). This mandate is not an isolated command. It is found throughout Scripture, although rarely emphasized and practiced in recent history of the Christian church.

by Kevin Swanson Excerpt taken from The Book of Psalms The Heart of the Word p.II

Thursday, May 17, 2012

La Ley y los Fariseos (English)

   Las iglesias "estrictas" que se enorgullecen de ser firmes bíblicamente, suelen ser las más anárquicas en su opinión de la Escritura. Dos ejemplos pueden ser citados.
   
Un pastor en una denominación que permite el divorcio por motivos de adulterio, declaró que se negaba siempre a realizar cualquier ceremonia de matrimonio en que una persona divorciada estaba involucrada. Cada congregación que había servido, había acordado con él en su postura. El divorcio, dijo, es un asunto sucio, y tiene que haber culpabilidad en ambas partes; se necesitan dos para una pelea, y yo no soy Dios, ¿cómo puedo juzgar? Detrás de esta aparente humildad, está el orgullo más arrogante. No se necesitan dos para una pelea: más de una persona inocente ha sido asaltada a lo largo de los años. El mal no necesita ninguna excusa para hacer la guerra al justo. Cuando le pregunté a este pastor si admitía que la Escritura permite el divorcio por adulterio, él estuvo de acuerdo en que lo hace. El punto, entonces, yo insistí, era que él estaba tratando de ser más santo que Dios y estaba manipulando con las Escrituras no menos que cualquier modernista. Él estaba privando al pueblo de Dios su justicia debida y la libertad que la palabra de Dios les concede.
   
En otro caso, una mujer joven, miembro de una iglesia reformada, fue abandonada por su marido, quien comenzó a vivir con otra mujer adúlteramente; esta otra mujer era una heredera cuyo dinero él tenía la intención de disfrutar. Él hizo esta declaración a mí y a su esposa. Esta relación pronto se rompió, sólo para ser seguida por otras uniones de este tipo en otro estado. La esposa, una mujer particularmente buena, había sido criada a considerar el divorcio como algo vergonzoso y sólo de mala gana consiguió el divorcio de su marido, desaparecido hace tiempo, quien había conseguido un divorcio mexicano y se volvió a casar. Cinco años más tarde, después de un traslado a otro vecindario en la misma ciudad (no muy grande), ella solicitó la membresía (por transferencia) a la iglesia cuyo pastor es G.


Pensé unirme a la congregación del Rev. G. y fui a conversar con él a fines de Enero. ¿Sabes lo que me dijo??? Dijo que el cónyuge que abandona lo hace "porque no está satisfecho". Expresé mi desacuerdo, y dijo que era "puro sentido común" verlo como tal. Cuando le pedí una explicación, él dijo que "un tercero tendría que decidir" la validez de tal deserción. Se habló más, pero me sentía tan podrida, sucia al dejarle; sentí que me estaba culpando por el pecado de mi ex esposo.

 Toda la historia era más o menos conocida por el pastor; él simplemente no tenía ganas de "involucrarse" con las personas divorciadas en su iglesia. Su propia naturaleza depravada fue claramente manifiesta en su razonamiento. Su idea de la motivación era radicalmente anticristiana. Las acciones de los hombres para un cristiano tienen sus raíces ya sea en el pecado o la gracia, no en el "fracaso" de alguien para "satisfacer", claramente no era cierto en este caso. El hecho simple es que la señora B., una mujer piadosa, había actuado en una forma totalmente cristiana a través del matrimonio y había crecido en la gracia y madurez intelectual a un grado considerable como resultado de sus experiencias. Para este fariseo reformado, su  evidente gracia cristiana (de ella), era demasiado inquietante para la superficie suave de su hipocresía (de él). Aún como una persona entre mil o dos, él no quería ser parte ya sea de su "problema" (el divorcio) o su gracia obvia.
   
Mientras tanto, este hombre y otros como él van a tolerar el adulterio (pero no el divorcio), siempre y cuando la apariencia de la santidad no es perturbada. De los tales es el reino de Satanás. 


Por R.J. Rushdoony
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The Law and the Pharisees

   "Strict" churches which pride themselves on being scripturally sound are often the most lawless in their view of the Scripture. Two examples can be cited.
   A minister in a denomination which permits divorce on the grounds of adultery stated that he refused always to perform any marriage ceremony where a divorced person was involves. Every congregation he had served had agreed with him in his stand. Divorce, he said, is a dirty business, and there has to be guilt on both sides; it takes two to make a fight, and I am not God, so how can I judge? Behind this seeming humility is the most arrogant pride. It does not take two to make a fight: more than one innocent person has been assaulted over the years. The evil need no excuse to wage war on the righteous. When I asked this minister if he admitted that Scripture permits divorce for adultery, he agreed that it does. The point then, I insisted, was that he was trying to be more holy than God and was tampering with Scripture no less than any modernist. He was depriving God's people their due justice and the freedom God's word grants them.
   In another case, a young woman, member of a Reformed church, was deserted by her husband, who began to live adulterously with another woman; this other woman was an heiress whose money he intended to enjoy. He made this statement to me and to his wife. This relationship soon broke up, only to be followed by other such unions in another state. The wife, a particularly fine woman, had been reared to regard divorce as shameful and only reluctantly secured a divorce from her long-gone husband, who had secured a Mexican divorce and remarried. Five years later, after a move into another neighborhood in the same city (none too large), she applied for membership (by transfer) to the church whose pastor is G.

I thought to join Rev. G.'s congregation and went for a talk with him late in January. Do you know what he said to me??? He said that a spouse who leaves does so "because he is not satisfied." I expressed disagreement, and he said it was "plain horse-sense" to see it as such. When I asked for an explanation he said that "a third party would have to decide" the validity of such desertion. There was more said, but I felt so rotten-dirty upon leaving him; I felt he was blaming me for my ex-husband's sin.

The entire story was more or less known to the minister; he simply had no desire to "get involved" with divorced people in his church. His own reprobate nature was clearly manifest in his reasoning. His idea of motivation was radically anti-Christian. The actions of men for a Christian have their roots in either sin or grace, not in the "failure" of someone to "satisfy," clearly not true in this case. The plain fact is that Mrs. B., a godly woman, had acted in a thoroughly Christian manner throughout the marriage and had grown in grace and intellectual maturity to a considerable degree as a result of her experiences. For this Reformed Pharisee, her obvious Christian grace was too disquieting to the smooth surface of his hypocrisy. Even as one person among a thousand or two, he wanted no part of either her "problem" (divorce) or her obvious grace.
   Meanwhile, this man and others like him will tolerate adultery (but not divorce) as long as the appearance of holiness is not disturbed. Of such as is the kingdom of Satan.

By R.J. Rushdoony

Wednesday, May 9, 2012

LA DEFINICION DE HOMBRE (English)

  Uno de los problemas de nuestros tiempos es la  incompetencia y fracaso de los hombres a ser verdaderamente hombres ante Dios. Las imágenes populares de la masculinidad son caricaturas, y la idea de "macho" ridícula y absurda.
   
Porque Dios creó al hombre, sólo Dios puede definir a un hombre. Las definiciones humanistas son, pues, perversiones que deforman a todos los que viven por ellas.
   
Según la Biblia, "el hombre" fue creado por Dios a su imagen, y "varón y hembra los creó" (Gn. 1:27). Esto nos dice dos cosas: primero, la palabra "hombre" aquí es inclusiva del varón y la mujer, de modo que, a pesar de la diferencia en el momento de su creación, el varón y la mujer son semejantes entendidos como "hombre" y como una unidad en el propósito de Dios. Segundo, aunque hay diferencias, ambos el varón y la mujer son creados a imagen de Dios. El Catecismo Menor nos dice: "Dios creó al hombre, varón y hembra, según su propia imagen, en conocimiento, justicia y santidad, con dominio sobre las criaturas" (Gn. 1:27-28; Col. 3:10; Ef. 4:24). El Catecismo Mayor (n. 20) nos dice también que la providencia de Dios hacia el hombre incluye la responsabilidad, el matrimonio, la comunión con Él mismo, el Día de Reposo, y el pacto de vida con su condición de "obediencia perpetua." Así, el hombre es definido por Dios en términos de y en relación a El mismo.
   
Para los hombres buscar una autodefinición es un pecado, y para que los hombres definan a las mujeres en términos de ellos mismos, combinan el pecado. En Efesios 5:21-33, tenemos un texto muy abusado con respecto al varón y la mujer. Es importante notar que el mandamiento de amar es dado al hombre con respecto a su esposa, no a la esposa con respecto a su esposo. A los esposos se les ordena amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y se entregó a Sí mismo por ella. Así como Cristo es la cabeza de la iglesia para proteger y cuidar de ella, así también debe ser el marido. Su autoridad no es un hecho "gentil", uno de terner señorío sobre su esposa. La orden general para el varón y la mujer, para todos los cristianos en sus relaciones es este "Someteos unos a otros en el temor de Dios." Hay por tanto una jerarquía de autoridades, en primer lugar Dios, y luego la comunidad. En sus relaciones humanas, ellos han de ser "miembros los unos de los otros" (Ef. 4:25), y, debido a esto, someter su voluntad al bien común en Cristo.
   
Estamos llamados y obligados a servir a Dios incondicionalmente. No podemos, sin embargo, servir a un hombre así, porque tal obediencia sería una forma de idolatría. La Escritura presenta a Sara, como el modelo para las esposas (1 Pedro 3:6), y, ciertamente, Sara habló claramente y francamente a Abraham (Gn. 21:9-10), pero Dios, por lo menos en una ocasión le dijo a Abraham "en todo lo que te dijere Sara, oye su voz,"
(Gn. 21:12). Para una mujer permanecer en silencio y obediente al mal es un pecado, es moralmente incorrecto, y la hace cómplice de la maldad. 
   Lamentablemente, tenemos demasiadas personas que promueven la idea de una obediencia incondicional y servil de las esposas a sus maridos; esto es promover la idolatría en el nombre de la fidelidad. Algunas esposas son culpables de una súper obediencia como parte de una piedad falsa, ellas esperan que Dios las bendiga y les dé milagros si ellas se hacen alfombrillas de sí mismas. Dios creó a la mujer para ser la ayuda idónea del hombre en el mandato de dominio (Gn. 2:18), no para ser su esclava, alfombrilla, o sirvienta idólatra. Además, el llamado del hombre, el varón y la mujer, es ser responsable y rendir cuentas, supremamente a Dios, pero también el uno al otro. Nuestro Señor dice: "Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará: y al que mucho se le haya confiado, mas se le pedirá" (Lucas 12:48). Esto significa que tanto el varón como la mujer, aunque especialmente los varones, tienen responsabilidades muy grandes y una rendición de cuentas del uno al otro: ellos no son suyos: ellos pertenecen a Cristo (1 Cor 6:19-20), y, después de eso, uno al otro, de modo que el consentimiento mutuo es la premisa en todas las cosas, incluyendo la abstinencia sexual o la actividad (1 Cor. 7:5).
   
Esta premisa, que no somos nuestros (1 Cor. 6:19) está así aplicada a todas las relaciones humanas, y especialmente al matrimonio. El varón y la mujer son responsables el uno al otro en el matrimonio, por lo tanto la autoridad en el nivel humano implica "Someteos unos a otros en el temor de Dios" (Ef. 5:21). Cuanto mayor es la responsabilidad, mayor es la rendición de cuentas, y mayor el ámbito de la rendición de cuentas. La rendición de cuentas de un senador es grande, pero no es igual a la de un presidente. La responsabilidad del marido es mayor que la de la esposa.

... Hasta que los hombres se definan en términos del Señor, Su reino, la ley y la justicia, nuestros problemas de la sociedad no harán sino aumentar. El hombre no tiene derecho a definirse a sí mismo. Dios hizo eso en el día de la creación.

Por R. J. Rushdoony

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THE DEFINITION OF MAN

   One of the problems of our time is the inadequacy and failure of men to be truly men under God. The popular images of masculinity are caricatures, and the "macho" idea ludicrous and absurd.
   Because God created man, only God can define a man. The humanistic definitions are thus perversions which warp all who live by them.
   According to the Bible, "man" was created by God in his image, and "male and female created He them" (Gen. 1:27). This tells us two things: first, the word "man" here is inclusive of male and female, so that, despite the difference in the time of their creation, male and female are alike comprehended as "man" and as a unity in god's purpose. Second, although there are differences, both male and female are created in God's image. The Shorter Catechism tells us, "God created man male and female, after His own image, in knowledge, righteousness, and holiness, with dominion over the creatures" (Gen. 1:27-28; Col. 3:10; Eph. 4:24). The Larger Catechism (no. 20) tells us also that the providence of God toward man includes responsibility, marriage, communion with Himself, the Sabbath, and the covenant of life with its requirement of "perpetual obedience." Thus, man is defined by God in terms of and in relation to Himself.
   For men to seek self-definition is a sin, and for men to define women in terms of themselves compounds the sin. In Ephesians 5:21-33, we have a much abused text concerning male and female. It is important to note that the command to love is given to the man concerning his wife, not to the wife concerning her husband. Husbands are commanded to love their wives as Christ loved the church and give Himself for it. Even as Christ is the head of the church to protect and care for it, so too must the husband be. His headship is not a "gentile" fact, one of lording it over his wife. The general command to male and female, to all Christians in their relationships is this "submitting yourselves one to another in the fear of God." There is for both a hierarchy of authorities, first of all God, and then the community. In their human relationships, they are to be "members one of another" (Eph. 4:25), and, because of this, submit their will to the common good in Christ.
   We are called and required to serve God unquestioningly. We cannot, however, serve any man so, for such an obedience would be a form of idolatry. Scripture presents Sarah as the model for wives (1 Peter 3:6), and certainly Sarah spoke plainly and bluntly to Abraham (Gen. 21:9-10), but God on at least one occasion told Abraham "in all that Sarah hath said unto thee, hearken unto her voice" (Gen. 21:12). For a woman to be silent and obedient to evil is a sin; it is morally wrong, and it makes her an accessory to the evil.
   Unhappily, we have too many people promoting the idea of an unquestioning and servile obedience by wives to their husbands; this is to promote idolatry in the name of faithfulness. Some wives are guilty of a super-obedience as a part of a false piety; they expect God to bless them and give them miracles if they make doormats of themselves. God created the woman to be man's help-meet in the dominion mandate (Gen. 2:18), not to be his slave, doormat, or idolatrous servitor.
   Moreover, the calling of man, man and female, is to be responsible and accountable, supremely to God, but also to one another. Our Lord says, "For unto whomsoever much is given, of him shall be much required: and to whom men have committed much, of him they will ask the more" (Luke 12:48). This means that both male and female, although especially males, have very great responsibilities and an accountability one to another: they are not their own: they belong to Christ (I Cor. 6:19-20), and, after that, to one another, so that mutual consent is the premise in all things, including sexual abstinence or activity (I Cor. 7:5).
   This premise, that we are not our own (I Cor. 6:19), is thus applied to all human relations, and especially to marriage. Male and female are accountable one to another in marriage; headship thus on the human level involves "submitting yourselves one to another in the fear of God" (Eph. 5:21). The greater the responsibility the greater the accountability, and the greater the realm of accountability. The accountability of a senator is great, but not equal to that of a president. The accountability of the husband is greater than that of the wife.
...Until men define themselves in terms of the Lord, His kingdom, law and justice, our society troubles will only increase. Man has no right to define himself. God did that on the day of creation.

By R. J. Rushdoony

Thursday, December 29, 2011

LEALTADES (English)

    Con los años, he visto repetidas veces, y he comentado muy a menudo sobre el mal de la autocompasión. La autocompasión es el cáncer espiritual más mortal que un hombre puede infligir a sí mismo. Con la autocompasión, nos aislamos del mundo y el gozo, damos un sentido egocéntrico a todos los eventos, y vemos la vida, no como un don y una gracia de Dios (1 Pedro 3:7), sino como una conspiración contra nosotros. Entonces vemos la vida y la política, no como una responsabilidad, sino como una vasta conspiración. Que los hombres conspiran es cierto, y el Salmo 2 nos dice que la conspiración básica de la historia está en contra de Dios y Su ley. También se nos dice por toda la Escritura que la fidelidad al Señor nos hace victoriosos en la historia contra todos los enemigos y los poderes (Deuteronomio 28).
    Los hombres, sin embargo, lo encuentran más fácil culpar a otros que asumir la responsabilidad. Por lo tanto la absorción radical de muchos en la documentación de todos los males perpetrados por un grupo u otro. Dicha documentación no cambia nada. Los hombres no son salvos por conocer a sus enemigos, sino por conocer y ser fuertes en el Señor. Podemos ver mejor dónde nuestros enemigos
están, y quienes son, cuando estamos más en Cristo.
    Una gran parte de nuestro fanatismo proviene de una concentración en los males que hemos sufrido más que en el mal que causamos a otras personas. No se trata de mentir, sólo el énfasis en un aspecto de nuestras vidas. para ilustrar
y limitar las ilustraciones a la experiencia estadounidense, desde que era joven, he tenido amigos judíos que me dicen de las persecuciones amargas que sufrieron: siendo llamados "asesinos de Cristo,"... y más, siendo objeto de discriminación en diversas formas, y demás. Todo esto es totalmente cierto.
   ...¿Necesito decir más? No hay un grupo de la sociedad que no haya sufrido algunos ultrajes y
también causado ultrajes a otros. ¿Puedes convencer a un grupo de sus pecados? Les encanta especializarse en los pecados de otros.
    Esto es cierto en el matrimonio. "¡Los hombres!" a una mujer bufar indignada una vez: "Yo podría decirte mucho acerca de ellos,
¡los ____!" Estoy seguro de que ella podría, y estoy seguro de que los hombres podrían haberme dicho mucho acerca de ella. En el matrimonio, los hombres y las mujeres a menudo tienen la mala costumbre de concentrarse en los pecados y las deficiencias de su cónyuge, no en sus propios, y sentir una gran cantidad de autocompasión.
   ... Cuando los hombres hacen lo que es recto ante sus propios ojos, cuando niegan a Cristo nuestro Rey y Su palabra ley, entonces su palabra y su grupo se convierten en la fuente de determinación para ellos. Los hombres luego actuan humanísticamente y están determinados por su grupo, no el Señor. Nuestra lealtad de gobierno debe ser a Jesucristo y Su reino, no a nuestras iglesias católicas o protestantes.
    ... La declaración fundamental de la ley de Dios es esta: "No tendrás otros dioses delante de mí" (Éxodo 20:3). Debemos recordar que incluso las cosas muy buenas se pueden convertir en ídolos y dioses falsos. Para muchos la iglesia es un ídolo, o su familia, sus hijos, su raza, nacionalidad o grupo. Sin embargo, estas cosas por buenas que sean, pueden llegar a ser, y a menudo son ídolos cuando les damos prioridad sobre el amor de Dios, y en ese amor de Dios, nuestro amor al prójimo. Un bien limitado, si se les da un lugar demasiado alto en nuestras vidas, puede ser la destrucción o más que un mal público y evidente. Recuerda, que esta perspectiva llevó a los hombres a crucificar a Cristo.

 Por R. J. Rushdoony

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LOYALTIES

   Over the years, I have repeatedly seen, and commented very often about, the evil of self-pity. Self-pity is the most deadly spiritual cancer a man can inflict upon himself. With self-pity, we wall ourselves off from the world and joy; we give a self-centered meaning to all events,  and we see life, not as a gift and grace from God (I Peter 3:7), but as a conspiracy against us. We then view life and politics, not as a responsibility, but as a vast plot. That men conspire is true, and Psalm 2 tells us that the basic conspiracy of history is against God and His law. We are also told by all of Scripture that faithfulness to the Lord makes us victorious in history against all enemies and powers (Deut. 28).
   Men, however, find it easier to blame others than to assume responsibility. Hence the radical absorption of many in documenting all the evils perpetrated by one group or another. Such documentation changes nothing. Men are not saved by knowing their enemies but by knowing and being strong in the Lord. We can best see where our enemies are, and who they are most in Christ.
   A great deal of our bigotry comes from a concentration on the wrongs we have suffered rather than on the wrongs we inflict on other people. No lying is involved, only an emphasis on one aspect of our lives. To illustrate, and to limit the illustrations to the American experience, ever since I was young, I have had Jewish friends tell me of the bitter persecutions they endured: being called "Christ-killers,"... and more, being discriminated against in various ways, and so on. All of this is clearly true.
   This holds true in marriage. "Men!" I heard a woman snort indignantly once, "I could tell you a lot about them, the ____!" I am sure she could have, and I am sure that men  could have told me a lot about her. In marriage, men and women too often have the bad habit of concentrating on their spouse's sins and shortcomings , not their own, and feeling a great deal of self-pity.
   ...When men do that which is right in their own eyes, when they deny Christ our King and His law-word, then their word and their group becomes the source of determination for them. Men then act humanistically and are determined by their group, not the Lord. Our governing allegiance must be to Jesus Christ and His reign, not to our Catholic or Protestant churches.
   ...The fundamental declaration of God's law is this: "Thou shall not have other gods before me" (Ex. 20:3). We must remember that even very good things can be turned into idols and false gods. For many their church is an idol, or their family, their children, their race, nationality, or group. However, good these things may be, they can become and often are idols when we give them priority over the love of God, and in that love of God, our love of our neighbor. A limited good, if given too high a place in our lives, can be as destruction or more than an open and obvious evil. Remember, such a perspective led men into crucifying Christ.

By R. J. Rushdoony

Tuesday, September 27, 2011

EL FRACASO DE LOS HOMBRES (English)

  

   Las raíces de cada crisis cultural descansan en las crisis personales. El fracaso de una cultura es el fracaso de los hombres en ella. Una sociedad no puede ser vital y dotada de un vigor en curso si los hombres en ella se caracterizan por una pérdida de la fe, un retiro de la responsabilidad, y una falta de voluntad para hacer frente a los  problemas personales. Una cultura pierde su voluntad de vivir y conquistar si sus miembros manifiestan un espíritu de retiro y rendición.

   
En la crisis cultural de nuestro tiempo, el papel de los hombres es particularmente significativo. Cuando decimos "los hombres" en este contexto nos referimos a los varones, no a toda la humanidad. Lo poco de la masculinidad verdadera que en general ellos poseen se manifiesta en su predilección por los juegos de rol. La imagen de macho es cultivada en el vestir, el habla y el comportamiento, la fachada de un hombre reemplaza a un hombre. El juego de roles es fundamental para nuestros tiempos, las personas juegan un papel, ellos representan un papel, porque la realidad de su ser es mucho menos importante que su imagen pública. Las raíces del juego de roles van profundas en la mentalidad moderna.


    Las apariencias
empezaron a sustituir a la realidad en las relaciones personales, así como en la política nacional, tanto nacional como extranjera. Los resultados han sido devastadores. El juego de roles en el teatro termina normalmente en una ovación y un cheque de pago. En la vida real, la política, el juego de roles lleva en vez al desastre.


    El resultado es el fracaso de los hombres, de los varones. A principios de la era moderna (sólo en el siglo 19 en los Estados Unidos), los hombres abandonaron la familia y sus responsabilidades para con sus esposas, y la religión fue relegada de manera similar a las mujeres como su principal preocupación. Los hombres eligieron la irresponsabilidad y la doble moral se convirtió en una forma de vida. Por supuesto, los hombres insistieron en toda la autoridad de la Biblia dada a un hombre mientras que niegan sus responsabilidades, olvidando que toda autoridad humana en la Escritura está condicionada a la obediencia a Dios. Ninguna autoridad absoluta es dada al hombre en cualquier ámbito, y toda autoridad tiene el servicio a Dios y al hombre como su propósito, no la auto-promoción o engrandecimiento.

    
El movimiento de la liberación femenina no es más que el intento de las mujeres para reclamar las irresponsabilidades que hoy constituyen los derechos de los varones, para sí mismos. El propósito del movimiento de la liberación de los niños es para reclamar, privilegios parecidos de la irresponsabilidad de los niños.


    
Lógicamente, los hombres que no pueden gobernarse a sí mismos, no serán capaces de gobernar con éxito a sus familias, vocaciones, o naciones. El presidente estadounidense más famoso del siglo 20 no podía manejar su dinero ni sus propios asuntos, pero trató de gobernar el mundo ... No es sorprendente que nuestra crisis cultural mundial tiene sus raíces en el fracaso de los hombres. El hecho notable de nuestra época no es que hemos tenido a veces un movimiento de liberación de las mujeres agresivo, sino que la gran mayoría de las mujeres han soportado pacientemente la inmadurez voluntaria de los hombres.


    
Aunque el juego de roles es común para hombres, mujeres y niños, este es el fracaso de los hombres debido a su juego de roles que tienen las raíces más profundas y las consecuencias más trágicas. La abdicación de los hombres de sus responsabilidades como esposos y padres está teniendo resultados tristes en la vida familiar.


    
Nuestra crisis cultural se apoya en la retirada de los hombres de las responsabilidades y las obligaciones de la masculinidad. La fe ha sido sentimentalizada, y una fe sentimental no es capaz de producir más que el chorro piadoso. La riqueza de las esferas de la vida y todas las variedades de las responsabilidades institucionales han sido erosionadas. Los hombres no se ven a sí mismos como sacerdotes, profetas y reyes ante Dios. La ley bíblica enfatiza los origenes locales y personales de gobierno. Todos los hombres han de ser los ancianos, los gobernantes, bajo Dios, los gobernantes sobre las familias, las vocaciones, y las instituciones de las que forman parte. Sobre cada diez familias, ha de estar un anciano sobre diez, luego sobre cincuenta, un ciento, miles y así en adelante. Los cientos fueron una vez una unidad básica de la ley y las estructuras judiciales. Todos los hombres tenían que ser hombres o pagar un precio por su negativa. En la Escritura, el hombre que eligió vivir por un subsidio tenía que tener las orejas perforadas como un testimonio público de su rechazo de la responsabilidad del hombre y la libertad en favor de la seguridad.


   
En nuestro tiempo, la crisis es aplazamiento pasado. Ha llegado el momento para que los hombres se basen en el total consejo de Dios, a ser responsables, maduros y emprendedores. No puede haber una resolución a nuestra crisis mundial sin una resolución de la crisis en la responsabilidad masculina. Culpar a las conspiraciones, por más que algunas pueden ser reales, los problemas especiales, el pasado, y más, todos ellos son evasiones si los hombres no asumen sus responsabilidades hoy como un privilegio y un deber ante Dios.


Por R.J. Rushdoony

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THE FAILURE OF MEN

   The roots of every cultural crisis rest in personal crises. The failure of a culture is the failure of the men in it. A society cannot be vital and possessed of an on-going vigor if the men therein are marked by a loss of faith, a retreat from responsibility, and an unwillingness to cope with personal problems. A culture loses its will to live and to conquer if its members manifest a spirit of retreat and surrender.
   In the cultural crisis of our time, the role of men is particularly significant. When we say "men" in this context we mean males, not humanity as a whole. How little true masculinity they in general possess is manifested in their predilection for role playing. The macho image is cultivated in dress, speech, and behavior; the facade of a man replaces a man. Role playing is basic to our times; people play a part, they act out a role, because the reality of their being is far less important than their public image. The roots of role-playing go deep into the modern mentality.
    Appearances began to replace reality in personal relations as well as in national policy, both domestic and foreign. The results have been devastating. Role playing in the theater ends commonly in a curtain call and a pay check. In real life, politics, role playing leads instead to disaster.
    The result is the failure of men, of males. Early in the modern era (only in the 19th century in the United States), men abandoned the family and its responsibilities to their wives, and religion was similarly relegated to women as their concern. Men chose irresponsibility, and the double standard became a way of life. Of course, men insisted on all the Biblical authority given to a man while denying its responsibilities, forgetting that all human authority in Scripture is conditional upon obedience to God.  No absolute authority is given to man in any sphere, and all authority has service to God and man as its purpose, not self-promotion or aggrandizement.
    The women´s liberation movement is simply the attempt by women to claim the irresponsibilities which today constitute male rights, for themselves. The purpose of the children's liberation movement is to claim like privileges of irresponsibility for children.
    Logically, men who cannot govern themselves will not be able to govern successfully their families, vocations, or nations. The most famous American president of the 20th century could not handle his money nor his own affairs, but he sought to rule the world...Not surprisingly, our world-wide cultural crisis is rooted in the failure of men. The remarkable fact of our era is not that we have had an at times aggressive women's liberation movement but that the vast majority of women have patiently endured the willful immaturity of men.
    Although role playing is common to men, women, and children, it is the failure of men because of their role-playing which has the deepest roots and the most tragic consequences. The abdication of men from their responsibilities as husbands and fathers is having sad results in family life.
    Our cultural crisis rests in the retreat of males from the responsibilities and duties of manhood. The faith has been sentimentalized, and a sentimental faith is unable to produce more than pious gush. The richness of life's spheres and all the varieties of institutional responsibilities have been eroded. Men do not see themselves as priests, prophets, and kings under God. Biblical law emphasizes the local and personal origins of government. All men are to be elders, rulers, under God, rulers over families, vocations, and the institutions of which they are a part. Over every ten families, there is to be an elder over ten, then over fifty, a hundred, thousands and so on up. The hundreds were once a basic unit of law and court structures. All men had to be men or pay a price for their refusal. In Scripture, the man who chose to live by subsidy had to have his ears pierced as a public witness to his rejection of a man's responsibility and freedom in favor of security.
   In our time, the crisis is past deferment. The time has come for men to ground themselves in the whole counsel of God, to be responsible, mature, and venturesome. There can be no resolution to our world crisis without a resolution of the crisis in male responsibility. To blame conspiracies, however real some may be, special problems, the past, and more, are all evasions if men do not assume their responsibilities today as a privilege and a duty under God.

By R.J. Rushdoony