Saturday, July 13, 2013

La Felicidad

  
No hace muchos años, una queja muy común oída por los pastores en la consejería a las personas en dificultades y perturbadas fue esta: "No me necesitan." El gran deseo de parte de la gente era el ser necesitado por alguien, ser necesitado en términos de su trabajo y vocación, o ser necesitado por la iglesia o la comunidad.
   
De repente se me ocurrió hace poco que ha sido raro que alguien hiciera esa declaración en los últimos años. En su lugar, de viejos y jóvenes, hay una nueva queja: "No soy feliz."
  
Antes, la gran tragedia era ser innecesario e inútil. Ahora, parece ser el logro social ser inútil, jubilado, o suficientemente rico como para vivir sin trabajar. Ser inútil es ahora un lujo feliz. Los puritanos solían predicar regularmente sobre el gran pecado de la pereza. Ahora, la ociosidad es una meta popular, y algo que muchos anhelan. El mal es ser infeliz.
    
El hecho es que nada evade a los hombres más, cuando ellos la buscan, que la felicidad. La felicidad no puede ser una meta en sí misma. Es un subproducto de otras cosas. Cuando hacemos nuestro trabajo bien y resulta gratificante, estamos contentos. Cuando somos piadosos y honrados en nuestras relaciones con nuestros seres queridos y otras personas, esto añade a nuestra felicidad. La felicidad no es una meta sino un pago por el trabajo bien hecho hacia una meta digna.
   
La palabra en las Bienaventuranzas que se traduce bienaventurados es makarios, que se puede traducir como bienaventurado o, como en Hechos 26:2 y Romanos 14:22, como dichoso. La verdadera felicidad y la verdadera bienaventuranza son muy semejantes.
   
Esto nos dice por qué las personas son tan infelices en la actualidad. La verdadera felicidad es buscada fuera de Dios, aparte del trabajo, la familia, la responsabilidad y la ley. El resultado es la infelicidad y el descontento masivo. Pero, como dijo David, "[B]ienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová" (Salmo 144:15). Salomón declaró: "[E]l que confía en Jehová es bienaventurado" (Proverbios 16:20).
   Conozco a muchas personas cuyas vidas han sido marcadas repetidamente por el desastre, y que eran aún felices. Recuerdo vívidamente una viuda anciana maravillosa, cuyo único hijo fue una gran decepción y que trabajaba para mantenerse en sus 70 años. Luego se quedó parcialmente ciega, tuvo un derrame cerebral, sólo podía moverse en un andador, pero aún vivía sola. Ella disfrutaba de sus audiolibros, y era un placer visitar, y su fe gozosa es algo para recordar, ahora que ella se ha ido. Ella nunca se quejó de que era infeliz. Dio las gracias a Dios por la buena vida y de lo que aún tenía. "Mis oídos son tan jóvenes como antes", dijo, "y puedo escuchar  a mis audiolibros".
   Ella era feliz, porque había encontrado bendición en el Señor, y ella estaba en todas las cosas agradecida. ¿De qué estás descontento?

Por R.J. Rushdoony Extracto tomado de Una Palabra Oportuna pg. 108


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Happiness

   Not too many years ago, a very common complaint heard by pastors in counseling distressed and disturbed people was this: "I'm not needed." The great desire on people's part was to be needed by someone, to be needed in terms of their work and calling, or to be needed by the church or the community.
   It suddenly occurred to me recently that it has been rare for someone to make that statement in recent years. Instead, from old and young, there is a new complain: "I'm not happy."
   Once the great tragedy was to be unneeded and useless. Now, it seems to be social attainment to be useless, retired, or sufficiently rich to live without working. To be useless is now a happy luxury. The Puritans used to preach regularly on the great sin of idleness. Now, idleness is a popular goal, and something many long for. The evil is to be unhappy.
    The fact is that nothing evades men more, when they search for it, than happiness. Happiness cannot be a goal in itself. It is a byproduct of other things. When we do our work well and find it rewarding, we are happy. When we are godly and honorable in our relationships with our loved ones and others, it adds to our happiness. Happiness is not a goal but a payoff for work well done towards a worthy goal.
   The word in the Beatitudes which is translated blessed is makarios , which can be translated as either blessed or, as in Acts 26:2 and Romans 14:22, as happy. True happiness and true blessedness are very much akin.
   This tells us why people are so unhappy nowadays. True happiness is sought apart from God, apart from work, family, responsibility and law. The result is massive unhappiness and discontent. But as David said, "[H]appy is that people, whose God is the LORD" (Ps. 144:15). Solomon declared, "[W]hoso trusteth in the LORD, happy is he" (Prov. 16:20).
   I know very many people whose lives have been repeatedly marked by disaster, and who were yet happy. I recall vividly a marvelous old widow, whose only son was a great disappointment and who worked to support herself into her 70s. Then she went partially blind, had a stroke, could only get around in a walker, but still lived alone. She enjoyed her talking books, and was a delight to visit, and her joyful faith is something to remember, now that she is gone. She never complained that she was unhappy. She thanked God for a good life and for what she still had. "My ears are as young as ever," she said, "and I can listen to my talking books."
   She was happy, because she had found blessedness in the Lord, and she was in all things grateful. What are you unhappy about?

By R. J. Rushdoony Excerpt taken from A Word in Season p. 108

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